1 de julio de 2012
1 de Julio.- La Filosofía y la Condición Humana en la Música I
Compartir el estilo de música que me gusta es algo que siempre es placentero para mí. Mi música - que así le llamo - no es fácil de digerir, es algo que se disfruta en soledad, que me ha hecho conocer gente que de igual forma en soledad disfruta de lo mismo que yo y gracias a ese entendimiento, nos vemos similares de carácter, sentimientos, ideología y hasta visión del mundo.
Mi música está llena en su mayoría de letras que retratan la condición humana, rebosantes de filosofía y hermenéutica, y que, no importa el año que fueron hechas, siguen siendo actuales no por el ritmo o por el devaneo inescrutable de la moda, sino porque el ser humano, es contemporáneo de otro de otra época anterior y de desde que Descartes puso la duda, siempre se ha inconformado, ha tenido miedo, tristeza, lujuria y esa manía inevitable de preguntar ¿por qué?. Estas cuestiones están en todas las eras y en todas las sociedades independientemente del régimen político, sistema de creencias o nivel socioeconómico que se tenga.
Pues bien, siento pertinente empezar un nuevo ciclo en el blog que se llame "La Filosofía y la Condición Humana en la Música" en la que plasmaré las canciones que me gustan, sí, que me pegan, sí, pero sobre todo eso, las que contengan un sentir metafísico que trascienda la barrera del tiempo y se hagan preguntan o plasmen condiciones sobre como somos todos los seres humanos en general.
La filosofía está en todas partes, en cualquier selva del mundo, en cualquier calle y en cualquier casa, como decía Silvio.
Y es con esa canción que quiero empezar este ciclo ante este momento histórico del país. Hoy es primero de Julio, es la una de la mañana. En unas horas empezará, como cada seis años, las votaciones para elegir al Presidente. Estoy en la antesala del miedo, voy con AMLO, y de verdad que es la última oportunidad que tenemos de tener un cambio verdadero; si gana el PRI, nuestro verdugo, nuestra droga histórica, ya no habrá formas pacíficas de sacarlos del poder. Algo pasará. Espero no sea terrible.
"La Era Está Pariendo un Corazón" fue escrita por Silvio Rodríguez el día siguiente a la muerte de Ernesto Che Guevara. El 8 de octubre de 1967 el Che fue herido y capturado por el ejército boliviano en la Quebrada del Yuro. Al día siguiente fue asesinado.
Silvio, conmocionado escribió la canción, que tiene esta letra tan magnífica:
Le he preguntado a mi sombra
A ver como ando para reírme,
Mientras el llanto, con voz de templo,
Rompe en la sala
Regando el tiempo.
Mi sombra dice que reírse
Es ver los llantos como mi llanto,
Y me he callado, desesperado
Y escucho entonces:
La tierra llora.
La era está pariendo un corazón,
No puede más, se muere de dolor
Y hay que acudir corriendo
Pues se cae el porvenir
En cualquier selva del mundo,
En cualquier calle.
Debo dejar la casa y el sillón,
La madre vive hasta que muere el sol,
Y hay que quemar el cielo si es preciso
Por vivir,
Por cualquier hombre del mundo,
Por cualquier casa.
Y es lo maravilloso de muchas de las rolas de Silvio: cantan sobre un suceso sin mencionarlo del todo para que el espectro de las palabras abarque muchas situaciones.
De la escucha de la canción y de la letra, queda claro que pese a estar escrita en el '67, en este 2012, en julio, en un país diferente a Cuba, en situaciones históricas diferentes, podemos "acudir corriendo pues se cae el porvenir" si gana el PRI, todos tenemos que dejar nuestra casa y nuestro sillón, aunque sea para votar en un sistema defectuoso, donde el sistema te da ilusión de que tu puedes hacer un cambio. Pero algo es algo. Tenemos que ir a votar con esa mentalidad, con esta era que está pariendo el corazón, aunque sea el corazón de la conciencia colectiva que de la izquierda se viene.
También, dejando de lado la política, ésta canción puede aplicarse a todas las resistencias particulares, populares y colectivas. De cualquier índole: indignados en España, los desafortunados padres de los niños de la Guardería ABC, la Caravana de la Paz con Justicia y Dignidad, los Zapatistas en su lucha. Es una canción que será inmortal por mucho tiempo, como serán inmortales las injusticias que padece el hombre...
18 de junio de 2012
Lo engañoso del empate
Poco a poco las calles de esta ciudad se vuelven desiertas, ya pocos recorremos el laberinto nocturno de sus calles, sus centros culturales, sus puestas teatrales y sobre todo de sus bares. Yo lo sigo haciendo, con zozobra e incertidumbre exacerbadas, acompañado o en solitario.
Así sin compañía, fue que acudí a un bar tranquilo a pensar, a escribir, a ver mis pensamientos con la ayuda de Baco; cuando vi un tipo en la barra contrariado de haber encontrado un lugar como este en la calle de Escobedo. El gesto de sorpresa agradable se denotaba en su cara. Era un hombre fornido, joven, pasados apenas los veinte, con ese tono de piel que el sol confiere a quienes pasan mucho tiempo bajo su manto, con camisa larga a pesar de los treinta y cuatro grados de la noche regia y ojos que "aventaban puñales" como diría el Piporro.
El tipo no hacía mas que llamar la atención en el silente y semivacío local, vociferaba, daba palmadas y manazos en la barra, hasta que vio que que colmó la paciencia de los empleados y demás "parroquianos" (como detesto esa palabra), fue que plasmó su mirada en mí mientras que yo escribía en la libreta donde ella apuntó las líneas mas bonitas de este año.
Se sienta en mi mesa, sin pedir permiso, y me dice: "¿En un empate ambos ganan o ambos pierden?" Yo contesté con evidente molestia ante una intrusión a mi soledad parcialmente ebria: "No sé qué tiene que ver eso con algo".
-"Mira - dice mientras me pone una dulce cerveza frente a mí para invitarme a tomarla - en todas las competiciones humanas existe el ganador y el derrotado, pero no en todas existe el empate. El empate, de todos los resultados, es el mas engañoso: ¿apoco ambos ganan, o ambos pierden, o ambos "no ganan" o "no pierden"? Te invito esta cheve si escuchas esta historia..."
Mi molestia se transformó en curiosidad, jamás un tipo se pone a reflexionar sobre el empate, así que accedí, chocamos nuestras botellas con ese compañerismo que confiere la cantina y al bajar su tono de voz a niveles imperceptibles, empezó a hablar:
"Mira. Te ves un hombre que es digno de confiar. Soy deportista, el año pasado estaba compitiendo en los Panamericanos, soy boxeador. Antes de irme a los Juegos mi novia me dejó, estábamos embarazada, y desafortunadamente lo perdió por cosas de la fisionomía, yo que sé. Acepté el fracaso y decidí concentrarme en la competencia. No te puedes imaginar: los entrenamientos son agotadores, mentalmente denigrantes, las instalaciones son austeras, incómodas y la comida sabe mal.
Las convivencias son muy tensas, hay competencia desleal y para acabarla de chingar las instalaciones son mixtas: pinches viejas son mas problemáticas que nada en concentraciones largas. Siempre andas de 'chismoleras' y de provocativas.
Mira, pues una vez en medio de entrenamientos, es cuando pasan las convivencias, nuestros instructores saben que tenemos que desahogarnos en algo, o quitar el estrés, por así decirlo. No nos dejaban salir a ver a nuestras familias, ni salir del edificio, así que para arreglar nuestras rencillas estaba únicamente el ring de box. En él reté a una pelea a Mayra, una vieja que me estaba sacando de quicio. Aceptó. Ambos somos de lo mejor del programa. Yo tengo alcance, ella flexibilidad. Los compañeros se juntaron a hacer apuestas...
El combate fue limpio, no podemos lastimarnos mucho, era para cortar rencillas solamente. Al noveno round, un compañero réferi dijo que le paráramos, que quedamos empatados, eso no le gustó a los apostadores ni a nosotros. Empatamos. Nadie ganó.
La mutua admiración por nuestros movimientos hizo que la adrenalina fluyera tanto entre nosotros que después de la pelea, ella me invitó al desempate en su cuarto. Ahí adentro empezó otro tipo de combate, mas cercano, yo seguía teniendo alcance, ella flexibilidad y ahí también fue un empate. Nadie perdió"
"¿Los empates son buenos o malos?" dijo a manera de finalizar, pero inmediatamente después remató: "a veces a quién le importa, ¿no?"
El twist al final de esta historia me hizo reir, brindamos y seguimos hablando de otros temas menos interesantes y mas normales hasta que llegó la hora de despedirnos...
No se a que se dedica ahora mi amigo ex deportista, quizá siga boxeando o en otra cosa, pero que le quede claro que nunca olvidaré el día en que filosofó conmigo acerca del empate...
18 de mayo de 2012
El ataque de panico y la libertad
Uno cree que
está habituado y hasta inmunizado contra la abrumadora sensación de desasosiego
que oprime el pecho cuando se encuentra situado en medio de una multitud. Que el
anonimato de la masa confiere un velo donde fundirse y hacer cualquier tipo de
desmadre que en solitario no harías, pero no: solo lo empeora: se vuelve
oprimente y urgente la sensación de huida, de salir corriendo antes de que la
estupidez en masa me malee, me devore y ofusque.
Me gustaría a
veces ser como el promedio, ver mis propios intereses, que lo que yo diga no me
pertenezca por que lo pusieron en mí, andar repitiendo frases idiotas de televisión,
ser ese “ente inauténtico” (Heidegger dixit) que busca donde poder mimetizarse,
ser tragado en lo anónimo para no pensar en mi circunstancia de vida (o de
muerte); fundirme en la masa, sentirme cómodo en ella.
Pero no.
Siento que al
estar inmerso en una pléyade de personas, seré devorado y en ese acto perderé
toda noción de mi ser. Todo a lo que estúpidamente me aferro se evaporará en un
miasma de proporciones nulas. En una nada que vacilantemente volverá para
vengarse de mí.
Sería una
pérdida de todo lo que soy. Sería la mayor de mi pérdidas: estar en una
multitud y dejar que esta me consuma…
No todas las
multitudes me han hecho sentir así: he estado en marchas que exigen la paz y el
trabajo de sus funcionarios públicos (mi ciudad está atestada de violencia e
ingobernabilidad, como la mayor parte de México), también estuve en el
concierto de “The Wall” indignándome y sorprendiéndome por el conocimiento y el
aterrizaje del pensamiento periférico (situado) de Waters para hacer este
concierto denunciando conceptos y problemas mexicanos; y en esas multitudes me sentí
arropado, quizá eso de compartir el dolor y el buscar una conciencia y un bien
justos para todos hace una catarsis favorable a la psique. Pero en estadios
viendo partidos de futbol o celebrando el título de cualquier equipo, en
conciertos de música que no aportan nada (como Paul McCartney, por ejemplo) o
en filas enormes de burocracia es donde me da miedo la masa inerte y etílica,
me da un ataque de pánico insuperable, las leyes de Murphy se agolpan en mi
cráneo y la teoría del caos me pone en alerta: “esto no va a terminar bien”, “se
hará un cuello de botella al salir y todos moriremos aplastados”. Es la única situación
de mi vida donde me da pánico. Donde quiero salir corriendo y me siento como un
niño perdido en el supermercado y todas las personas son pedófilos o asesinos.
Este sentimiento
se lo achaco a Heidegger, se lo culpo a Nietzsche, se lo atribuyo a Foucault,
se lo endilgo a Sartre: todos ellos con su filosofía de la libertad, hicieron
que me despojara de mis atavismos, que resistiera el embate del “poderoso Otro”,
me nutrieron de individualidad, de ser dueño de mis palabras y controlar mi ego,
pero no me liberaron de este pánico… ¿y eso representa la consecución de mi
libertad? ¿Y si sentir eso representa el rasgo indisoluble de libertad?
Justificación, perdón y el único acto que no reúne tales características.
Probablemente todos los actos tengan justificación, incluso perdón, pero hay uno solo que no lo tiene, que de él derivan todas las tangentes, permea el espacio entero. Está desde que te levantas de la cama, cuando se abre la regadera para desperdiciar agua, cuando comemos animales muertos, cuando quitamos árboles para poner estadios, fabricar muebles o construir casas.
Y todo eso, a pesar de lo malo, creo - sin condenar o condonar - que está justificado en aras del comercio (o como dirían en el siglo XX: "el progreso"), la higiene, la supervivencia y el capitalismo. La técnica humana que moldea el planeta mientras lo destruye ("razón instrumental" dirían Adorno y Horkheimer) puede justificarse en grado extremo y si se es muy benevolente hasta necesitar de ella.
El mundo no te va a perdonar los recursos utilizados para que habites la casa o departamento en el que vives, el carro que manejas. Pero son derechos humanos inalienables reconocidos como necesarios y esenciales en practicamente todos los países del planeta. No se puede vivir diariamente sin ellos.
Volviendo al perdón: incluso una guerra puede justificarse (siempre que sea defensiva para mantener la soberanía o la libertad), las revoluciones violentas se justifican, la madre que mata a su bebé para poder dormir (como en el cuento de Chéjov), de un modo u otro, en su estúpida y explotada cabeza trepanada por la locura, cree que es la salida lógica y justificada para que el crío deje de llorar y ella poder dormir.
Todo se puede justificar, porque como lo decía Jorge Drexler: "La vida es mas compleja de lo que parece"
Que lo justificable se perdone, que haya absolución, eso no toca decidir a nadie mas que al ofendido por dicha conducta, es dificil de determinar basado en términos de una tercería no arbitraria. Quizá no existen, y si sí, bien por ellos.
Yo solo encuentro un acto imperdonable, que nos condenó a todos como especie, no tiene perdón, ni justificación, ni arreglo ni absolución.
El único acto imperdonable fue cuando un pez con patas decidió salir del agua a respirar aire, pisó la tierra, caminó y empezó a reproducirse: eso nos condenó a todos...
1 de mayo de 2012
1 de Mayo - Mina
Soy una mina antipersonal que se
desbalaga entre la indiferencia, los gestos de asco, las miradas de hastío y
las esporádicas muestras de interés de una sociedad cada vez más
individualista, que persigue la ultima novedad en smartphones para filtrar su
contacto con los otros mediante pantallas touch agachando la cabeza; que no sabe
ni siquiera las funciones mas básicas de su cuerpo, pero anda ahí viviendo
tratando de encontrar la redención en el amigo imaginario e ilusorio que el
colectivo llama dios…
Soy una mina antipersonal
(quisiera ser de tiempo), que tiene pedales austeros e incómodos, conectada a
una maquina expendedora de libros que nadie lee, libros cuyo tema es como jugar
al capitalismo de una forma limpia y sin joder a los demás, de cómo hacer la
democracia considerando sagrada la vida del otro y ver a éste como una
extensión de mi mismo.
La clase de explosivo que soy solo
estalla cuando voluntariamente alguien pisa mis pedales y escucha la explosión
con respeto, no soy como mis contrapartes afganas o colombianas, quienes además
de no tener pedales, les vale madre la vida de una persona, ellas hacen su
trabajo sin importar la negativa, y si no quitan la vida, por lo menos la joden
y la mutilan. Se ocultan, se mimetizan con los campos para mentir, para engañar
y pobre del incauto que caiga en ellas. Yo no. Todo en la intemperie, aunque no
me hagan caso.
Soy una mina ¿antipersonal? No creo
que ese sea el término, quizá solo personal, y aunque la tentación hacia la
misoginia sea enorme, no estoy en contra de las personas. Tal parece que el
sentido común ha sido olvidado (creo que nadie tiene una definición clara de “sentido
común” sin partir del ego), lo cual puede llegar a ser desesperante al grado de
querer hacerle un epitafio a la humanidad por ello, y aun teniendo ese impulso
de quemar todo a mi paso, al detenerme logro entender los motivos externos,
hacerlos míos y comprender a mi semejante en su complejidad. A veces me quedo sorprendido
de mi habilidad y de las conclusiones a las que llego, con unas personas es mas
difícil, pero cuanto mas intento, mas profunda es mi comprensión y me detengo, me
mimetizo y hago lo concerniente a la conciliación para ambos “avanzar” (lo que
sea que eso signifique). Quizá esa sea la razón por la cual todas y cada una de
las mujeres con las que he tenido que ver han sentido algo por mi (si fuera
presumido diría que se han enamorado, pero no creo que eso sea), mis amistades
son muy intensas, es fácil tenerme cariño y es difícil tener una opinión negativa
de mi sin ser atenuada por momentos o situaciones.
Soy una mina con pedales
conectada a una máquina expendedora, en medio de esta ciudad-rancho-espejismo
del norte de México, puesta sobre una avenida donde colisionan el miedo a las
balas, la-tala-de-bosques-para-poner-un-estadio, el culto infinito al trabajo
al grado de la fatiga para hacer algo mas, la carne asada y la hipocresía
religiosa. Solo anhelo estallar y contagiar como virus mis intenciones, en un
arrebato cursi como lo escrito aquí y ahora…
21 de abril de 2012
Zacatecas (hace unos días)
Estoy en Zacatecas, México sentado en la terraza del hotel en el que estoy solo, fumando, teniendo pueril miedo a una diarrea histórica que pudiera tener después de comer lo que comí, pero fuera de esa nimiedad me encuentro de buen talante, sonriente y con las antenas al porvenir que indican que tendré excelentes días.
Zacatecas es una ciudad hermosa, que me gusta mucho y a la que siempre he regresado. Es la cuarta vez que estoy aquí. La penúltima vez tuve una compañía que me llenaba de lujuria y de amor (no se que cosa primero), la última y ésta con muy buenos amigos.
Tanto amo a esta ciudad que cuando me avisan de una pequeña omisión realizada por aquella regia con la que siempre cuento y que trajo grandes consecuencias para una chilanga, no reaccioné con el enojo que suele acompañar a ese tipo de detalles, sino con buena onda, con un "ni modo" y a seguir tomando con los camaradas, a seguir comiendo y a seguir hablando de esta ciudad, del mal karma de mi ciudad de origen, de los mayas, de Euskal Harria, las instituciones públicas, el marxismo, la alienación y la alineación.
Hay un festival cultural que pude aprovechar al máximo de no ser por que soy un bufón del capital aún. Mi maldito trabajo de oficina, en el que tengo una relación odio-amor, pues de no ser porque tengo que presentarme a trabajar el lunes, estaría mas días, y tendría oportunidad de ver a Café Tacuba (y gratis); pero, por otro lado, de no tenerlo, ni siquiera tendría dinero para venir acá en primer lugar, así que hay que dejar de lado ese debate interno ocioso que solo deja argumentos circulares que no se arreglarán
La chilanga pudo venir y lo pasamos bomba: la ciudad está llena de gente, de plata y rosa, de bares, de galerías, de centros de artes, de iglesias con arquitectura impresionante (uno no deja de pensar en que el esfuerzo usado en construirlas pudo haber sido empleado en mejores cosas),con un clima frío, rico, un oriundo de esta tierra me dijo alguna vez, en anterior visita: "en Zacatecas nomás hay dos estaciones: la del tren y la invernal". Toda la ciudad está diseñada para ser visitada, para ser turisteada y aún con la peor sequía en setenta y cinco años, el estado se las ingenia para dos cosas, una buena y una mala: seguir atrayendo turismo y seguir haciendo cerveza en una fábrica a cuarenta minutos del centro de la ciudad...
Un tour por la mina El Edén confirma los horrores de la razón instrumental del capitalismo español hacia los pueblos originarios (incluso estar de turista en la mina es una derrota que acabo de tener frente al sistema): condiciones infrahumanas de trabajo, esperanza de vida recortada, turnos de 18 horas diarias y un largo etcétera, todo para un puñado de maiz y de azúcar...
Lejos de esos desaguisados (que a mi en lo particular me malviajan y afectan) seguimos conociendo gente, a Marcela, la hiperactiva y nerviosa cantautora que vive por allá y a Fátima, periodista comprometida con su entorno, que nos contaron un sinfín de leyendas, de mitos y expresiones del zacatecano...
Conciertos de Rafael Mendoza, de mi amigo el Jaime, de las Cabezas de Cera (con todo y disco autografiado) redondearon una visita feliz a esta ciudad, con la revancha de volver algún día...
Zacatecas es una ciudad hermosa, que me gusta mucho y a la que siempre he regresado. Es la cuarta vez que estoy aquí. La penúltima vez tuve una compañía que me llenaba de lujuria y de amor (no se que cosa primero), la última y ésta con muy buenos amigos.
Tanto amo a esta ciudad que cuando me avisan de una pequeña omisión realizada por aquella regia con la que siempre cuento y que trajo grandes consecuencias para una chilanga, no reaccioné con el enojo que suele acompañar a ese tipo de detalles, sino con buena onda, con un "ni modo" y a seguir tomando con los camaradas, a seguir comiendo y a seguir hablando de esta ciudad, del mal karma de mi ciudad de origen, de los mayas, de Euskal Harria, las instituciones públicas, el marxismo, la alienación y la alineación.
Hay un festival cultural que pude aprovechar al máximo de no ser por que soy un bufón del capital aún. Mi maldito trabajo de oficina, en el que tengo una relación odio-amor, pues de no ser porque tengo que presentarme a trabajar el lunes, estaría mas días, y tendría oportunidad de ver a Café Tacuba (y gratis); pero, por otro lado, de no tenerlo, ni siquiera tendría dinero para venir acá en primer lugar, así que hay que dejar de lado ese debate interno ocioso que solo deja argumentos circulares que no se arreglarán
La chilanga pudo venir y lo pasamos bomba: la ciudad está llena de gente, de plata y rosa, de bares, de galerías, de centros de artes, de iglesias con arquitectura impresionante (uno no deja de pensar en que el esfuerzo usado en construirlas pudo haber sido empleado en mejores cosas),con un clima frío, rico, un oriundo de esta tierra me dijo alguna vez, en anterior visita: "en Zacatecas nomás hay dos estaciones: la del tren y la invernal". Toda la ciudad está diseñada para ser visitada, para ser turisteada y aún con la peor sequía en setenta y cinco años, el estado se las ingenia para dos cosas, una buena y una mala: seguir atrayendo turismo y seguir haciendo cerveza en una fábrica a cuarenta minutos del centro de la ciudad...
Un tour por la mina El Edén confirma los horrores de la razón instrumental del capitalismo español hacia los pueblos originarios (incluso estar de turista en la mina es una derrota que acabo de tener frente al sistema): condiciones infrahumanas de trabajo, esperanza de vida recortada, turnos de 18 horas diarias y un largo etcétera, todo para un puñado de maiz y de azúcar...
Lejos de esos desaguisados (que a mi en lo particular me malviajan y afectan) seguimos conociendo gente, a Marcela, la hiperactiva y nerviosa cantautora que vive por allá y a Fátima, periodista comprometida con su entorno, que nos contaron un sinfín de leyendas, de mitos y expresiones del zacatecano...
Conciertos de Rafael Mendoza, de mi amigo el Jaime, de las Cabezas de Cera (con todo y disco autografiado) redondearon una visita feliz a esta ciudad, con la revancha de volver algún día...
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