Si viviera en estos tiempos de cercanía virtual, la Malinche sería la mexicana con más "amigos" en Facebook. La red social no se inventó para crear hermandades, sino para tener contactos intermitentes. No es necesario ser simpático para multiplicar corresponsales; basta ser interesante de modo comunicativo.
La Malinche dominaba los idiomas clave de la Conquista: náhuatl, maya y español. Enigmática, atractiva, capaz de integrarse mejor al mundo de la representación lingüística que a las patrias que buscaban aniquilarse, tendría imparable éxito en Facebook y Twitter.
El bicentenario de la Independencia debería servir al menos para reparar símbolos maltrechos. La traductora de Cortés ha sido vista como la gran villana del siglo 16, la traidora que permitió que fuéramos derrotados. Su historia real es otra. Ya está en Wikipedia, pero no en nuestras convicciones.
Malintzin, como posiblemente se llamaba, nació en la zona chontal, cerca de Coatzacoalcos. Su padre murió cuando ella era niña. Cuando su madre su unió a otro hombre, ella fue entregada a traficantes de esclavos mayas. Así aprendió su segunda lengua. Cortés la recibió como regalo en 1519, con otras 19 esclavas.
La Malinche había crecido bajo la despiadada ley azteca. Sus enemigos directos estaban en Tenochtitlan, que sometían a los chontales a punta de pedernal. Repudiada por su padrastro, fue condenada a la esclavitud y luego entregada a los invasores. ¿Puede alguien víctima de tantos agravios traicionar a un país que ni siquiera existía entonces?
Cortés admiró su don de lenguas. Malintzin traducía del náhuatl al maya; el sacerdote Gerónimo de Aguilar, que había estado cautivo en Yucatán, cerraba el círculo, traduciendo del maya al español. Esta intermediación se volvió innecesaria cuando la intérprete aprendió español.
La frase "traduttore traditore" alude a la posibilidad de tergiversar las lenguas. En cierta forma, todo idioma ajeno es "enemigo" (con osadía, Cervantes transgrede las convenciones al presentar el "Quijote" como una traducción del árabe, lengua de los odiados adversarios). La Malinche enfrentó el inquietante asombro de los traductores: comprender que lo ajeno, e incluso lo enemigo, puede tener sentido.
Emblema del entendimiento, fue vista como la traidora que la historia requería para alimentar un nacionalismo reductor.
Después de 10 años de investigación, Luis Barjau publicó "La conquista de la Malinche". Su libro disipa los prejuicios que han lastrado al tema. Barjau se niega a aceptar "la traición como elemento primordial narrativo de nuestro pasado". ¿A quién debía ser fiel la Malinche? ¿Estaba en posibilidad de actuar de otra manera? Sojuzgada, inerme pero alerta, optó por la traducción de lenguas. Contribuyó más a definir lo que somos que a decidir la suerte del ejército azteca.
Para honrar a esta figura la Universidad Juárez Autónoma de Tabasco ha creado el Premio Malintzin (en forma congruente, Luis Barjau lo recibió en su primera edición).
En su vindicación de la inteligencia al margen, Margo Glantz se refiere a las escritoras mexicanas como "Las hijas de la Malinche". El feminismo ha sido decisivo para ver con otros ojos a Marina, varias veces esclava. Pero también los hombres reclaman su herencia: Emilio Lezama y Héctor Tajonar conducen el programa "Los hijos de la Malinche".
Orozco dominaba la convulsa intensidad del fuego, pero escogió la serenidad para retratar a Cortés con la Malinche. La fuerza de esa imagen proviene de la inesperada calma que transmite. El conquistador y la esclava lucen tranquilos, reconciliados, tal vez felices.
Numerosos textos literarios agregan complejidad a la Malinche, heroína a contrapelo. Pero la lengua aún aguarda un viraje esencial. Los insultos cambian de signo cuando se asumen con orgullo. Es la transfiguración que requiere la palabra "malinchismo". El que permite que los demás se entiendan no es un vendepatrias; es un vínculo.
En 1519, Marina dio a luz a Martín Cortés, acaso el primer mexicano. ¿No nos ahorraríamos mucho psicoanálisis si aceptáramos que la Madre Primigenia no es una traidora?
El cantante y guitarrista Neil Young rindió un curioso homenaje a la Malinche. En su disco "Zuma", de 1975, incluyó la canción "Cortez the Killer", que narra la llegada de Cortés a un mundo donde lo reciben como rockstar; es rodeado por feligreses multicolores y chicas guapísimas. En la última estrofa Cortés recuerda a una "groupie" de fábula. La mención al carácter "asesino" del conquistador resulta irónica; el Cortés de Young se parece a Mick Jagger: un ídolo de masas enamorado de una desconocida.
Curiosamente, esta versión primitiva del encuentro de dos mundos se acerca más a la realidad que la historia oficial en la que Marina aparece como la traidora por antonomasia.
"La Coatlicue ya no habla porque está pasadísima", escribió Monsiváis en los años 70. Hoy podríamos decir: "La Malinche no habla porque no tiene cuenta en Facebook". Si la tuviera, sería la principal comunicadora en red del país que contribuyó a crear.
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26 de noviembre de 2010
6 de agosto de 2010
06 de Agosto.- Juan Villoro en Reforma
¿Que informamos?
El secuestro de cuatro colegas el pasado 26 de julio desató una justificada ola de indignación en un país que, de acuerdo con Reporteros sin Fronteras, es el más peligroso para ejercer el periodismo.
En el primer semestre de 2010 fueron asesinados 10 periodistas y 11 están desaparecidos. Mañana, a las 12 del día, una marcha partirá del Ángel de la Independencia a la Secretaría de Gobernación con dos demandas básicas: "Protección y responsabilidad compartida".
El secuestro en Gómez Palacio representa el intento más dramático del crimen organizado por determinar la agenda noticiosa. Pero las presiones y las extorsiones vienen de tiempo atrás. Baste recordar los atentados a las instalaciones del periódico El Mañana en Nuevo Laredo, El Debate en Culiacán y Televisa en Monterrey.
Tan importante como garantizar la seguridad de los periodistas es garantizar la calidad de la información. Para el periodismo, defenderse del crimen también significa defenderse de la atracción noticiosa que suscita. La violencia siempre es espectacular.
En su escalada de terror, los cárteles quieren más espacio. La paradoja es que, en su inercia, los medios ya les han dado demasiado. En las notas del día predomina el registro necrológico; se levanta inventario de las bajas sin investigar quiénes eran. Víctor Núñez Jaime lo explicó así en Este País: "Todos comenzaron a recopilar balaceras y el número de ejecutados del día, haciendo a un lado el contexto y la explicación de los hechos".
Como forma de comunicación, el terrorismo elimina a todas las demás. Quien comete un atentado no concibe otra noticia que el fuego. El narco quiere más espacio. Lo preocupante es que ya tiene demasiado. ¿Cómo llegamos a este entrampamiento?
Sin seguir un burdo dictado, como el que se pretendía imponer en Gómez Palacio, los medios han ido a remolque del crimen, siguiendo rastros de sangre como las migas de pan en el bosque de los monstruos.
El crimen organizado golpea dos veces, primero en el mundo de los hechos y luego en su representación en los medios. De manera indiscriminada vemos decapitaciones, mutilaciones, narcomensajes.
Los periódicos llevan el marcador de fallecidos como si se tratara de deporte mientras los niños de Ciudad Juárez se acostumbran a jugar entre cadáveres (según documentó Judith Torrea para la agencia DPA). La sobreexposición a la violencia puede llevar a dos reacciones extremas: la paranoia que inmoviliza o la banalización que desacredita el mal. Ambas son igualmente nocivas.
El derecho a la información es el principio rector del periodismo. No se trata de censurar ni de maquillar los sucesos. Tampoco se trata de mejorarlos con elogios. Debemos discernir qué se publica. La fotografía de un decapitado, sin más contexto que el horror, no es información. Reproducir los mensajes de las narcomantas sin un discurso oponente no es informar sino ser vehículo de la transgresión.
La realidad del periodismo no está en lo que llamamos "realidad". Como el fotógrafo, el periodista selecciona, enfoca, discrimina. Sin apartarse de la verdad, la reconstruye con sus propios medios para que resulte convincente y entendible. El reportaje no es un espejo que refleja datos, es el relato que los hace comprensibles.
De las acepciones que el diccionario de la RAE ofrece para la voz "información", la que más importa en este caso es la siguiente: "Comunicación o adquisición de conocimientos que permiten ampliar o precisar los que se poseen sobre una materia determinada". Un dato sin contexto no es información, una foto aislada del horror tampoco lo es. Los medios están plagados de hechos sanguinarios que no amplían ni precisan conocimiento alguno.
El crimen organizado usa la violencia como un lenguaje. En su gramática del miedo es posible distinguir autorías: un cártel "encobija", otro "encajuela", otro practica la "corbata colombiana". Exhibir estos crímenes es una cobertura insuficiente.
En la mayoría de las noticias los protagonistas son los asesinos. Sabemos muy poco de las víctimas. Con excepciones (como los notables trabajos de Daniela Rea en este diario), se ignora quiénes son los muertos. Contar los sucesos desde la perspectiva de los caídos es un hecho de sanación colectiva (honrar la pérdida a través de la memoria), pero también de ética periodística (realzar la importancia de la víctima por encima del verdugo). En el vértigo de la violencia se ha impuesto el momento presente: la masacre de hoy sustituye a la de ayer.
Incluso el lenguaje ha sido herido de muerte. Con la mayor naturalidad, los conductores de radio y televisión dicen que alguien fue "levantado". El eufemismo para el secuestro creado por el crimen se convierte así en palabra autorizada.
La solución no estriba en censurar los datos, sino en transformarlos en información, en entendimiento de la realidad. Resistir el embate criminal contra los medios implica no seguir su lógica. La sangre derramada no es noticia. La noticia es la vida que se pierde con la sangre.
El secuestro de cuatro colegas el pasado 26 de julio desató una justificada ola de indignación en un país que, de acuerdo con Reporteros sin Fronteras, es el más peligroso para ejercer el periodismo.
En el primer semestre de 2010 fueron asesinados 10 periodistas y 11 están desaparecidos. Mañana, a las 12 del día, una marcha partirá del Ángel de la Independencia a la Secretaría de Gobernación con dos demandas básicas: "Protección y responsabilidad compartida".
El secuestro en Gómez Palacio representa el intento más dramático del crimen organizado por determinar la agenda noticiosa. Pero las presiones y las extorsiones vienen de tiempo atrás. Baste recordar los atentados a las instalaciones del periódico El Mañana en Nuevo Laredo, El Debate en Culiacán y Televisa en Monterrey.
Tan importante como garantizar la seguridad de los periodistas es garantizar la calidad de la información. Para el periodismo, defenderse del crimen también significa defenderse de la atracción noticiosa que suscita. La violencia siempre es espectacular.
En su escalada de terror, los cárteles quieren más espacio. La paradoja es que, en su inercia, los medios ya les han dado demasiado. En las notas del día predomina el registro necrológico; se levanta inventario de las bajas sin investigar quiénes eran. Víctor Núñez Jaime lo explicó así en Este País: "Todos comenzaron a recopilar balaceras y el número de ejecutados del día, haciendo a un lado el contexto y la explicación de los hechos".
Como forma de comunicación, el terrorismo elimina a todas las demás. Quien comete un atentado no concibe otra noticia que el fuego. El narco quiere más espacio. Lo preocupante es que ya tiene demasiado. ¿Cómo llegamos a este entrampamiento?
Sin seguir un burdo dictado, como el que se pretendía imponer en Gómez Palacio, los medios han ido a remolque del crimen, siguiendo rastros de sangre como las migas de pan en el bosque de los monstruos.
El crimen organizado golpea dos veces, primero en el mundo de los hechos y luego en su representación en los medios. De manera indiscriminada vemos decapitaciones, mutilaciones, narcomensajes.
Los periódicos llevan el marcador de fallecidos como si se tratara de deporte mientras los niños de Ciudad Juárez se acostumbran a jugar entre cadáveres (según documentó Judith Torrea para la agencia DPA). La sobreexposición a la violencia puede llevar a dos reacciones extremas: la paranoia que inmoviliza o la banalización que desacredita el mal. Ambas son igualmente nocivas.
El derecho a la información es el principio rector del periodismo. No se trata de censurar ni de maquillar los sucesos. Tampoco se trata de mejorarlos con elogios. Debemos discernir qué se publica. La fotografía de un decapitado, sin más contexto que el horror, no es información. Reproducir los mensajes de las narcomantas sin un discurso oponente no es informar sino ser vehículo de la transgresión.
La realidad del periodismo no está en lo que llamamos "realidad". Como el fotógrafo, el periodista selecciona, enfoca, discrimina. Sin apartarse de la verdad, la reconstruye con sus propios medios para que resulte convincente y entendible. El reportaje no es un espejo que refleja datos, es el relato que los hace comprensibles.
De las acepciones que el diccionario de la RAE ofrece para la voz "información", la que más importa en este caso es la siguiente: "Comunicación o adquisición de conocimientos que permiten ampliar o precisar los que se poseen sobre una materia determinada". Un dato sin contexto no es información, una foto aislada del horror tampoco lo es. Los medios están plagados de hechos sanguinarios que no amplían ni precisan conocimiento alguno.
El crimen organizado usa la violencia como un lenguaje. En su gramática del miedo es posible distinguir autorías: un cártel "encobija", otro "encajuela", otro practica la "corbata colombiana". Exhibir estos crímenes es una cobertura insuficiente.
En la mayoría de las noticias los protagonistas son los asesinos. Sabemos muy poco de las víctimas. Con excepciones (como los notables trabajos de Daniela Rea en este diario), se ignora quiénes son los muertos. Contar los sucesos desde la perspectiva de los caídos es un hecho de sanación colectiva (honrar la pérdida a través de la memoria), pero también de ética periodística (realzar la importancia de la víctima por encima del verdugo). En el vértigo de la violencia se ha impuesto el momento presente: la masacre de hoy sustituye a la de ayer.
Incluso el lenguaje ha sido herido de muerte. Con la mayor naturalidad, los conductores de radio y televisión dicen que alguien fue "levantado". El eufemismo para el secuestro creado por el crimen se convierte así en palabra autorizada.
La solución no estriba en censurar los datos, sino en transformarlos en información, en entendimiento de la realidad. Resistir el embate criminal contra los medios implica no seguir su lógica. La sangre derramada no es noticia. La noticia es la vida que se pierde con la sangre.
19 de julio de 2010
19 de Julio.- Jaime Sabines rules
Vamos a hablar del Príncipe Cáncer,
Señor de los Pulmones, Varón de la Próstata,
que se divierte arrojando dardos
a los ovarios tersos, a las vaginas mustias,
a las ingles multitudinarias.
Mi padre tiene el ganglio más hermoso del cáncer
en la raíz del cuello, sobre la subclavia,
tubérculo del bueno de Dios,
ampolleta de la buena muerte,
y yo mando a la chingada a todos los soles del mundo.
El Señor Cáncer, El Señor Pendejo,
es sólo un instrumento en las manos obscuras
de los dulces personajes que hacen la vida.
En las cuatro gavetas del archivero de madera
guardo los nombres queridos,
la ropa de los fantasmas familiares,
las palabras que rondan
y mis pieles sucesivas.
También están los rostros de algunas mujeres,
los ojos amados y solos
y el beso casto del coito.
Y de las gavetas salen mis hijos.
¡Bien haya la sombra del árbol
llegando a la tierra,
porque es la luz que llega!
De las nueve de la noche en adelante
viendo la televisión y conversando
estoy esperando la muerte de mi padre.
Desde hace tres meses, esperando.
En el trabajo y en la borrachera,
en la cama sin nadie y en el cuarto de niños,
en su dolor tan lleno y derramado,
su no dormir, su queja y su protesta,
en el tanque de oxígeno y las muelas
del día que amanece, buscando la esperanza.
Mirando su cadáver en los huesos
que es ahora mi padre,
e introduciendo agujas en las escasas venas,
tratando de meterle la vida, de soplarle
en la boca del aire...
(Me avergüenzo de mí hasta los pelos
por tratar de escribir estas cosas.
¡Maldito el que crea que esto es un poema!)
Quiero decir que no soy enfermero,
padrote de la muerte,
orador de panteones, alcahuete,
pinche de Dios, sacerdote de las penas.
Quiero decir que a mí me sobra el aire...
Te enterramos ayer.
Ayer te enterramos.
Te echamos tierra ayer.
Quedaste en la tierra ayer.
Estás rodeado de tierra
desde ayer.
Arriba y abajo y a los lados
por tus pies y por tu cabeza
está la tierra desde ayer.
Te metimos en la tierra,
te tapamos con tierra ayer.
Perteneces a la tierra
desde ayer.
Ayer te enterramos
en la tierra, ayer.
Madre generosa
de todos los muertos,
madre tierra, madre,
vagina del frío,
brazos de intemperie,
regazo del viento,
nido de la noche,
madre de la muerte,
recógelo, abrígalo,
desnúdalo, tómalo,
guárdalo, acábalo.
No podrás morir.
Debajo de la tierra
no podrás morir.
Sin agua y sin aire
no podrás morir.
Sin azúcar, sin leche,
sin frijoles, sin carne,
sin harina, sin higos,
no podrás morir.
Sin mujer y sin hijos
no podrás morir.
Debajo de la vida
no podrás morir.
En tu tanque de tierra
no podrás morir.
En tu caja de muerto
no podrás morir.
En tus venas sin sangre
no podrás morir.
En tu pecho vacío
no podrás morir.
En tu boca sin fuego
no podrás morir.
En tus ojos sin nadie
no podrás morir.
En tu carne sin llanto
no podrás morir.
No podrás morir.
No podrás morir.
No podrás morir.
Enterramos tu traje,
tus zapatos, el cáncer;
no podrás morir.
Tu silencio enterramos.
Tu cuerpo con candados.
Tus canas finas,
tu dolor clausurado.
No podrás morir.
Te fuiste no sé a dónde.
Te espera tu cuarto.
Mi mamá, Juan y Jorge
te estamos esperando.
Nos han dado abrazos
de condolencia, y recibimos
cartas, telegramas, noticias
de que te enterramos,
pero tu nieta más pequeña
te busca en el cuarto,
y todos, sin decirlo,
te estamos esperando.
Es un mal sueño largo,
una tonta película de espanto,
un túnel que no acaba
lleno de piedras y de charcos.
¡Qué tiempo éste, maldito,
que revuelve las horas y los años,
el sueño y la conciencia,
el ojo abierto y el morir despacio!
Recién parido en el lecho de la muerte,
criatura de la paz, inmóvil, tierno,
recién niño del sol de rostro negro,
arrullado en la cuna del silencio,
mamando obscuridad, boca vacía,
ojo apagado, corazón desierto.
Pulmón sin aire, niño mío, viejo,
cielo enterrado y manantial aéreo
voy a volverme un llanto subterráneo
para echarte mis ojos en tu pecho.
Morir es retirarse, hacerse a un lado,
ocultarse un momento, estarse quieto,
pasar el aire de una orilla a nado
y estar en todas partes en secreto.
Morir es olvidar, ser olvidado,
refugiarse desnudo en el discreto
calor de Dios, y en su cerrado
puño, crecer igual que un feto.
Morir es encenderse bocabajo
hacia el humo y el hueso y la caliza
y hacerse tierra y tierra con trabajo.
Apagarse es morir, lento y aprisa,
tomar la eternidad como a destajo
y repartir el alma en la ceniza.
Padre mío, señor mío, hermano mío,
amigo de mi alma, tierno y fuerte,
saca tu cuerpo viejo, viejo mío,
saca tu cuerpo de la muerte.
Saca tu corazón igual que un río,
tu frente limpia en que aprendí a quererte,
tu brazo como un árbol en el frío,
saca todo tu cuerpo de la muerte.
Amo tus canas, tu mentón austero,
tu boca firme y tu mirada abierta,
tu pecho vasto y sólido y certero.
Estoy llamando, tirándote la puerta.
Parece que yo soy el que me muero:
¡padre mío, despierta!
No se ha roto ese vaso en que bebiste,
ni la taza, ni el tubo, ni tu plato.
Ni se quemó la cama en que moriste,
ni sacrificamos un gato.
Te sobrevive todo. Todo existe
a pesar de tu muerte y de mi flato.
Parece que la vida nos embiste
igual que el cáncer sobre tu omoplato.
Te enterramos, te lloramos, te morimos,
te estás bien muerto y bien jodido y yermo
mientras pensamos en la que no hicimos
y queremos tenerte aunque sea enfermo.
Nada de lo que fuiste, fuiste y fuimos
a no ser habitantes de tu infierno.
Papá por treinta o por cuarenta años,
amigo de mi vida todo el tiempo,
protector de mi miedo, vaso mío,
palabra clara, corazón resuelto,
te has muerto cuando menos falta hacías,
cuando más falta me haces, padre, abuelo,
hijo y hermano mío, esponja de mi sangre,
pañuelo de mis ojos, almohada de mi sueño.
Te has muerto y me has matado un poco.
Porque no estás, ya no estaremos nunca
completos, en un sitio, de algún modo.
Algo le falta al mundo, y tú te has puesto
a empobrecerlo más, ya hacer a solas
tus gentes tristes y tu Dios contento.
Señor de los Pulmones, Varón de la Próstata,
que se divierte arrojando dardos
a los ovarios tersos, a las vaginas mustias,
a las ingles multitudinarias.
Mi padre tiene el ganglio más hermoso del cáncer
en la raíz del cuello, sobre la subclavia,
tubérculo del bueno de Dios,
ampolleta de la buena muerte,
y yo mando a la chingada a todos los soles del mundo.
El Señor Cáncer, El Señor Pendejo,
es sólo un instrumento en las manos obscuras
de los dulces personajes que hacen la vida.
En las cuatro gavetas del archivero de madera
guardo los nombres queridos,
la ropa de los fantasmas familiares,
las palabras que rondan
y mis pieles sucesivas.
También están los rostros de algunas mujeres,
los ojos amados y solos
y el beso casto del coito.
Y de las gavetas salen mis hijos.
¡Bien haya la sombra del árbol
llegando a la tierra,
porque es la luz que llega!
De las nueve de la noche en adelante
viendo la televisión y conversando
estoy esperando la muerte de mi padre.
Desde hace tres meses, esperando.
En el trabajo y en la borrachera,
en la cama sin nadie y en el cuarto de niños,
en su dolor tan lleno y derramado,
su no dormir, su queja y su protesta,
en el tanque de oxígeno y las muelas
del día que amanece, buscando la esperanza.
Mirando su cadáver en los huesos
que es ahora mi padre,
e introduciendo agujas en las escasas venas,
tratando de meterle la vida, de soplarle
en la boca del aire...
(Me avergüenzo de mí hasta los pelos
por tratar de escribir estas cosas.
¡Maldito el que crea que esto es un poema!)
Quiero decir que no soy enfermero,
padrote de la muerte,
orador de panteones, alcahuete,
pinche de Dios, sacerdote de las penas.
Quiero decir que a mí me sobra el aire...
Te enterramos ayer.
Ayer te enterramos.
Te echamos tierra ayer.
Quedaste en la tierra ayer.
Estás rodeado de tierra
desde ayer.
Arriba y abajo y a los lados
por tus pies y por tu cabeza
está la tierra desde ayer.
Te metimos en la tierra,
te tapamos con tierra ayer.
Perteneces a la tierra
desde ayer.
Ayer te enterramos
en la tierra, ayer.
Madre generosa
de todos los muertos,
madre tierra, madre,
vagina del frío,
brazos de intemperie,
regazo del viento,
nido de la noche,
madre de la muerte,
recógelo, abrígalo,
desnúdalo, tómalo,
guárdalo, acábalo.
No podrás morir.
Debajo de la tierra
no podrás morir.
Sin agua y sin aire
no podrás morir.
Sin azúcar, sin leche,
sin frijoles, sin carne,
sin harina, sin higos,
no podrás morir.
Sin mujer y sin hijos
no podrás morir.
Debajo de la vida
no podrás morir.
En tu tanque de tierra
no podrás morir.
En tu caja de muerto
no podrás morir.
En tus venas sin sangre
no podrás morir.
En tu pecho vacío
no podrás morir.
En tu boca sin fuego
no podrás morir.
En tus ojos sin nadie
no podrás morir.
En tu carne sin llanto
no podrás morir.
No podrás morir.
No podrás morir.
No podrás morir.
Enterramos tu traje,
tus zapatos, el cáncer;
no podrás morir.
Tu silencio enterramos.
Tu cuerpo con candados.
Tus canas finas,
tu dolor clausurado.
No podrás morir.
Te fuiste no sé a dónde.
Te espera tu cuarto.
Mi mamá, Juan y Jorge
te estamos esperando.
Nos han dado abrazos
de condolencia, y recibimos
cartas, telegramas, noticias
de que te enterramos,
pero tu nieta más pequeña
te busca en el cuarto,
y todos, sin decirlo,
te estamos esperando.
Es un mal sueño largo,
una tonta película de espanto,
un túnel que no acaba
lleno de piedras y de charcos.
¡Qué tiempo éste, maldito,
que revuelve las horas y los años,
el sueño y la conciencia,
el ojo abierto y el morir despacio!
Recién parido en el lecho de la muerte,
criatura de la paz, inmóvil, tierno,
recién niño del sol de rostro negro,
arrullado en la cuna del silencio,
mamando obscuridad, boca vacía,
ojo apagado, corazón desierto.
Pulmón sin aire, niño mío, viejo,
cielo enterrado y manantial aéreo
voy a volverme un llanto subterráneo
para echarte mis ojos en tu pecho.
Morir es retirarse, hacerse a un lado,
ocultarse un momento, estarse quieto,
pasar el aire de una orilla a nado
y estar en todas partes en secreto.
Morir es olvidar, ser olvidado,
refugiarse desnudo en el discreto
calor de Dios, y en su cerrado
puño, crecer igual que un feto.
Morir es encenderse bocabajo
hacia el humo y el hueso y la caliza
y hacerse tierra y tierra con trabajo.
Apagarse es morir, lento y aprisa,
tomar la eternidad como a destajo
y repartir el alma en la ceniza.
Padre mío, señor mío, hermano mío,
amigo de mi alma, tierno y fuerte,
saca tu cuerpo viejo, viejo mío,
saca tu cuerpo de la muerte.
Saca tu corazón igual que un río,
tu frente limpia en que aprendí a quererte,
tu brazo como un árbol en el frío,
saca todo tu cuerpo de la muerte.
Amo tus canas, tu mentón austero,
tu boca firme y tu mirada abierta,
tu pecho vasto y sólido y certero.
Estoy llamando, tirándote la puerta.
Parece que yo soy el que me muero:
¡padre mío, despierta!
No se ha roto ese vaso en que bebiste,
ni la taza, ni el tubo, ni tu plato.
Ni se quemó la cama en que moriste,
ni sacrificamos un gato.
Te sobrevive todo. Todo existe
a pesar de tu muerte y de mi flato.
Parece que la vida nos embiste
igual que el cáncer sobre tu omoplato.
Te enterramos, te lloramos, te morimos,
te estás bien muerto y bien jodido y yermo
mientras pensamos en la que no hicimos
y queremos tenerte aunque sea enfermo.
Nada de lo que fuiste, fuiste y fuimos
a no ser habitantes de tu infierno.
Papá por treinta o por cuarenta años,
amigo de mi vida todo el tiempo,
protector de mi miedo, vaso mío,
palabra clara, corazón resuelto,
te has muerto cuando menos falta hacías,
cuando más falta me haces, padre, abuelo,
hijo y hermano mío, esponja de mi sangre,
pañuelo de mis ojos, almohada de mi sueño.
Te has muerto y me has matado un poco.
Porque no estás, ya no estaremos nunca
completos, en un sitio, de algún modo.
Algo le falta al mundo, y tú te has puesto
a empobrecerlo más, ya hacer a solas
tus gentes tristes y tu Dios contento.
15 de abril de 2010
15 de Abril.- Nota de El País
El País es un periódico español, y se me hizo rara la mención, y una vez elia me escribió en el feisbuc que es muy fácil hablar desde lejos, pero hay mucha verdad en esta nota, como siempre, no en su totalidad. He aquí:
Monterrey a través del Espejo
¿Qué le pasó a Monterrey? La gran ciudad industrial de México, la echada para adelante, la que tuvo más desarrollo en los últimos 30 años, la de los ahorradores, los que encaraban al centro con la frente en alto, los que presumían tener controlada su seguridad, están hoy en la peor crisis de su historia. El narco tomó la ciudad y al inexperto gobernador Rodrigo Medina no se le ocurre mejor cosa que llamar a los ciudadanos a una manifestación, como si encabezar la marcha le permitiera trasladar su responsabilidad a otra parte. La explicación simplista es decir que la guerra al narco, la estrategia fallida de Calderón, está golpeando a la inocente e industriosa ciudad de Monterrey. Pero la descomposición social de la Sultana del Norte, como también es conocida, es anterior.
Los valores esenciales del Monterrey pujante de la segunda mitad del siglo XX se perdieron. La cultura del esfuerzo, el sentido de unidad y esa convicción de tomar el futuro en sus propias manos se fueron transformando en una cultura de consumo y desprecio a lo que no era como ellos, pensaron que el futuro lo tenían no solo ganado, sino merecido. La ciudad orgullosa se volvió vanidosa. No es gratuito que la crisis social de la ciudad coincida con la estrepitosa caída de la imagen del fundador de los Legionarios de Cristo, Marcial Maciel. La gran mayoría de la elite social del Monterrey pasó por las escuelas legionarias que formaron una generación insulsa, pagada de sí misma, volcada al consumo y la presunción, pero sobre todo alejada del pensamiento crítico. Nada mejor para el aterrizaje del narco que una élite pagada de sí misma y fascinada con su propia imagen.
Lo que le está pasando hoy a Monterrey le sucedió a Guadalajara en los años setenta y ochenta. La crisis de una generación que fundó su futuro en el pasado, que sentía merecerlo todo por su heredad, puso la cama a la llegada del narco y luego se acostó con él. El narco se vuelve "intolerable" cuando los muertos tocan a las élites. En Guadalajara tuvo que caer un Cardenal, en Monterrey dos estudiantes del Tec. En Guadalajara nadie se acuerda de los otros seis muertos el aeropuerto aquel 24 de mayo de 1993, cuando murió el purpurado; en Monterrey nadie habla de los otros dos civiles que cayeron ese mismo fin de semana víctimas del fuego cruzado. En Jalisco también hubo un gobernador que pensó que la mejor forma de evadir su responsabilidad era sumándose a una marcha contra la violencia.
La crisis de Monterrey no se resolverá fácil ni rápido. Lo que sigue es el auto exilio de las élites con consecuencias sociales y económicas importantes. A Guadalajara le costó muchos años entender que el problema no "venía de fuera" sino que fue su propia sociedad la que entró en crisis y el narco no fue sino una consecuencia de ello. El atajo, la vía rápida, se llama autocrítica: reconocerse en el espejo, y plantearse lo más rápido posible la renovación de su élites. El asesinato de los dos jóvenes del Tec no es el final de un proceso de descomposición, sino el arranque de un largo camino hacia la reinvención.
Monterrey a través del Espejo
¿Qué le pasó a Monterrey? La gran ciudad industrial de México, la echada para adelante, la que tuvo más desarrollo en los últimos 30 años, la de los ahorradores, los que encaraban al centro con la frente en alto, los que presumían tener controlada su seguridad, están hoy en la peor crisis de su historia. El narco tomó la ciudad y al inexperto gobernador Rodrigo Medina no se le ocurre mejor cosa que llamar a los ciudadanos a una manifestación, como si encabezar la marcha le permitiera trasladar su responsabilidad a otra parte. La explicación simplista es decir que la guerra al narco, la estrategia fallida de Calderón, está golpeando a la inocente e industriosa ciudad de Monterrey. Pero la descomposición social de la Sultana del Norte, como también es conocida, es anterior.
Los valores esenciales del Monterrey pujante de la segunda mitad del siglo XX se perdieron. La cultura del esfuerzo, el sentido de unidad y esa convicción de tomar el futuro en sus propias manos se fueron transformando en una cultura de consumo y desprecio a lo que no era como ellos, pensaron que el futuro lo tenían no solo ganado, sino merecido. La ciudad orgullosa se volvió vanidosa. No es gratuito que la crisis social de la ciudad coincida con la estrepitosa caída de la imagen del fundador de los Legionarios de Cristo, Marcial Maciel. La gran mayoría de la elite social del Monterrey pasó por las escuelas legionarias que formaron una generación insulsa, pagada de sí misma, volcada al consumo y la presunción, pero sobre todo alejada del pensamiento crítico. Nada mejor para el aterrizaje del narco que una élite pagada de sí misma y fascinada con su propia imagen.
Lo que le está pasando hoy a Monterrey le sucedió a Guadalajara en los años setenta y ochenta. La crisis de una generación que fundó su futuro en el pasado, que sentía merecerlo todo por su heredad, puso la cama a la llegada del narco y luego se acostó con él. El narco se vuelve "intolerable" cuando los muertos tocan a las élites. En Guadalajara tuvo que caer un Cardenal, en Monterrey dos estudiantes del Tec. En Guadalajara nadie se acuerda de los otros seis muertos el aeropuerto aquel 24 de mayo de 1993, cuando murió el purpurado; en Monterrey nadie habla de los otros dos civiles que cayeron ese mismo fin de semana víctimas del fuego cruzado. En Jalisco también hubo un gobernador que pensó que la mejor forma de evadir su responsabilidad era sumándose a una marcha contra la violencia.
La crisis de Monterrey no se resolverá fácil ni rápido. Lo que sigue es el auto exilio de las élites con consecuencias sociales y económicas importantes. A Guadalajara le costó muchos años entender que el problema no "venía de fuera" sino que fue su propia sociedad la que entró en crisis y el narco no fue sino una consecuencia de ello. El atajo, la vía rápida, se llama autocrítica: reconocerse en el espejo, y plantearse lo más rápido posible la renovación de su élites. El asesinato de los dos jóvenes del Tec no es el final de un proceso de descomposición, sino el arranque de un largo camino hacia la reinvención.
23 de enero de 2010
23 de Enero.- Otro mas de Denisse Dresser
Me encanta la Dra. Dresser, la admiro bastante y hace poco escribio esto en el periodico Reforma...
Independencia. Revolución. Conmemoración. 1810. 1910. 2010. La historia de bronce festejada cuando debería ser cuestionada; la historia oficial cincelada cuando debería ser escrita de nuevo. Porque han sido 200 años de héroes falsos y mentiras propagadas y dictaduras perfectas y democracias que están lejos de serlo. Doscientos años de aspirar a la modernidad sin poder alcanzarla a plenitud y para todos. Veinte décadas de justificar el Estado paternalista y el predominio del PRI, la estabilidad corporativa y el país de privilegios que creó.
Buen momento, entonces, para examinar la herencia, los mitos compartidos, las ficciones fundacionales, el bagaje con el cual cargamos. Gran oportunidad para emprender un proceso de introspección crítica sobre nuestra identidad nacional, para cobrar conciencia de lo que hemos hecho consistentemente mal. Para entender por qué no hemos construido un país más libre, más próspero, más justo.
Abundan las explicaciones. La Conquista, la Colonia, la ausencia de una tradición liberal, el Porfiriato, la vecindad con Estados Unidos, la desigualdad recalcitrante, el nacionalismo revolucionario, los ciclos históricos marcados por proclamas y la instauración de líderes autoritarios que prometen salvar al país del caos y de sí mismo.
Muchos piensan que México no avanza por su pasado fracturado, por su historia insuperada, por sus creencias ancestrales, por sus costumbres antidemocráticas. Muchos esgrimen el argumento cultural como explicación del atraso nacional. "Es un problema mental", afirman unos. "Es una cuestión de valores", insisten otros. "Es un asunto de cultura", sugieren unos. "Así somos los mexicanos", proclaman unos. Según esta visión cada vez más compartida, el subdesarrollo de México es producto de hábitos mentales premodernos, códigos culturales atávicos, formas de pensar y de actuar que condenan al país al estancamiento irrevocable.
Es cierto que muchos mexicanos creen apasionadamente en los componentes centrales del "nacionalismo revolucionario". Es cierto que muchos han internalizado las ideas muertas del pasado, y por ello les resulta difícil forjar el futuro. Es cierto que muchos mexicanos han sucumbido al romance con la supuesta excepcionalidad histórica de México, y por ello se resisten a apoyar medidas instrumentadas con éxito en otros países.
Aquí, los hábitos iliberales del corazón son como un tatuaje. Aquí, ideas como el estado de derecho, la separación de poderes, la tolerancia, la protección de las libertades básicas de expresión, asamblea, religión y propiedad, no forman parte del andamiaje cultural posrevolucionario. Y por ello tenemos elecciones competitivas que producen gobiernos ineficientes, corruptos, solipsistas, irresponsables, subordinados a los poderes fácticos, e incapaces de entender o promover el interés público. En términos políticos, México es una democracia electoral; culturalmente sigue siendo un país iliberal.
Nadie duda que esto es así. Pero el problema de las explicaciones culturales es que conducen a callejones sin salida. Si partimos de la premisa "así es México", la Nación no tiene futuro ni salvación.
Peor aún, el uso de la cultura como herramienta analítica o como justificación política oscurece las causas estructurales detrás del atraso. La cultura heredada, promovida, aprendida por los mexicanos a partir de la Revolución es una invención interesada, un cálculo deliberado; es aquello que los políticos del régimen decidieron enseñarnos en la escuela pública. Las costumbres iliberales y las creencias reaccionarias que dibujan el mapa mental de tantos mexicanos fueron colocadas allí porque eran útiles. El poder político de México vivió -y vive aún- de alimentarlas.
Pensar que el problema de México es mental desvía la atención de donde debería estar centrada: en ese artificio contractual que es el corporativismo posrevolucionario y el "capitalismo de cuates". En la permanente redistribución de la riqueza en favor de los grupos beneficiarios del statu quo que este acuerdo ha entrañado. En las prácticas de rentismo acendrado que este pacto ha perpetuado. En la economía oligopolizada que este arreglo ha producido.
Ésas son las raíces de tantas mentiras piadosas que la clase política elaboró; ésas son las razones detrás de códigos culturales que las élites han usado para controlar a la población. El verdadero problema no es cultural sino estructural; no es una cuestión de valores sino de intereses. A México no le hace falta ir al siquiatra para resolver un problema mental; más bien necesita combatir una estructura de privilegios que ni la Independencia ni la Revolución lograron encarar.
Independencia. Revolución. Conmemoración. 1810. 1910. 2010. La historia de bronce festejada cuando debería ser cuestionada; la historia oficial cincelada cuando debería ser escrita de nuevo. Porque han sido 200 años de héroes falsos y mentiras propagadas y dictaduras perfectas y democracias que están lejos de serlo. Doscientos años de aspirar a la modernidad sin poder alcanzarla a plenitud y para todos. Veinte décadas de justificar el Estado paternalista y el predominio del PRI, la estabilidad corporativa y el país de privilegios que creó.
Buen momento, entonces, para examinar la herencia, los mitos compartidos, las ficciones fundacionales, el bagaje con el cual cargamos. Gran oportunidad para emprender un proceso de introspección crítica sobre nuestra identidad nacional, para cobrar conciencia de lo que hemos hecho consistentemente mal. Para entender por qué no hemos construido un país más libre, más próspero, más justo.
Abundan las explicaciones. La Conquista, la Colonia, la ausencia de una tradición liberal, el Porfiriato, la vecindad con Estados Unidos, la desigualdad recalcitrante, el nacionalismo revolucionario, los ciclos históricos marcados por proclamas y la instauración de líderes autoritarios que prometen salvar al país del caos y de sí mismo.
Muchos piensan que México no avanza por su pasado fracturado, por su historia insuperada, por sus creencias ancestrales, por sus costumbres antidemocráticas. Muchos esgrimen el argumento cultural como explicación del atraso nacional. "Es un problema mental", afirman unos. "Es una cuestión de valores", insisten otros. "Es un asunto de cultura", sugieren unos. "Así somos los mexicanos", proclaman unos. Según esta visión cada vez más compartida, el subdesarrollo de México es producto de hábitos mentales premodernos, códigos culturales atávicos, formas de pensar y de actuar que condenan al país al estancamiento irrevocable.
Es cierto que muchos mexicanos creen apasionadamente en los componentes centrales del "nacionalismo revolucionario". Es cierto que muchos han internalizado las ideas muertas del pasado, y por ello les resulta difícil forjar el futuro. Es cierto que muchos mexicanos han sucumbido al romance con la supuesta excepcionalidad histórica de México, y por ello se resisten a apoyar medidas instrumentadas con éxito en otros países.
Aquí, los hábitos iliberales del corazón son como un tatuaje. Aquí, ideas como el estado de derecho, la separación de poderes, la tolerancia, la protección de las libertades básicas de expresión, asamblea, religión y propiedad, no forman parte del andamiaje cultural posrevolucionario. Y por ello tenemos elecciones competitivas que producen gobiernos ineficientes, corruptos, solipsistas, irresponsables, subordinados a los poderes fácticos, e incapaces de entender o promover el interés público. En términos políticos, México es una democracia electoral; culturalmente sigue siendo un país iliberal.
Nadie duda que esto es así. Pero el problema de las explicaciones culturales es que conducen a callejones sin salida. Si partimos de la premisa "así es México", la Nación no tiene futuro ni salvación.
Peor aún, el uso de la cultura como herramienta analítica o como justificación política oscurece las causas estructurales detrás del atraso. La cultura heredada, promovida, aprendida por los mexicanos a partir de la Revolución es una invención interesada, un cálculo deliberado; es aquello que los políticos del régimen decidieron enseñarnos en la escuela pública. Las costumbres iliberales y las creencias reaccionarias que dibujan el mapa mental de tantos mexicanos fueron colocadas allí porque eran útiles. El poder político de México vivió -y vive aún- de alimentarlas.
Pensar que el problema de México es mental desvía la atención de donde debería estar centrada: en ese artificio contractual que es el corporativismo posrevolucionario y el "capitalismo de cuates". En la permanente redistribución de la riqueza en favor de los grupos beneficiarios del statu quo que este acuerdo ha entrañado. En las prácticas de rentismo acendrado que este pacto ha perpetuado. En la economía oligopolizada que este arreglo ha producido.
Ésas son las raíces de tantas mentiras piadosas que la clase política elaboró; ésas son las razones detrás de códigos culturales que las élites han usado para controlar a la población. El verdadero problema no es cultural sino estructural; no es una cuestión de valores sino de intereses. A México no le hace falta ir al siquiatra para resolver un problema mental; más bien necesita combatir una estructura de privilegios que ni la Independencia ni la Revolución lograron encarar.
3 de enero de 2010
03 de Enero.- Y si dios fuera mujer?
¿Y si Dios fuera mujer?
pregunta Juan sin inmutarse,
vaya, vaya si Dios fuera mujer
es posible que agnósticos y ateos
no dijéramos no con la cabeza
y dijéramos sí con las entrañas.
Si Dios fuera mujer no se instalaría
lejana en el reino de los cielos,
sino que nos aguardaría en el zaguán del infierno,
con sus brazos no cerrados,
su rosa no de plástico
y su amor no de ángeles.
Ay Dios mío, Dios mío
si hasta siempre y desde siempre
fueras una mujer
qué lindo escándalo sería,
qué venturosa, espléndida, imposible,
prodigiosa blasfemia.
Mario Benedetti
pregunta Juan sin inmutarse,
vaya, vaya si Dios fuera mujer
es posible que agnósticos y ateos
no dijéramos no con la cabeza
y dijéramos sí con las entrañas.
Si Dios fuera mujer no se instalaría
lejana en el reino de los cielos,
sino que nos aguardaría en el zaguán del infierno,
con sus brazos no cerrados,
su rosa no de plástico
y su amor no de ángeles.
Ay Dios mío, Dios mío
si hasta siempre y desde siempre
fueras una mujer
qué lindo escándalo sería,
qué venturosa, espléndida, imposible,
prodigiosa blasfemia.
Mario Benedetti
28 de diciembre de 2009
28 de Diciembre.- Origen de la Palabra anfitrion
En la mitología griega, Anfitrión era el marido de Alcmenea, madre de Hércules.
Mientras Anfitrión estaba en la guerra de Tebas, Zeus tomo su forma para acostarse con Alcmenea, y Hermes tomo la forma de su esclavo para montar guardia en el portón.
Con el embarazo de Alcmena, un alboroto fue creado, porque evidentemente Anfitrión dudó de la fidelidad de su esposa.
Al final todo fue aclarado por Zeus y Anfitrión se puso contento por ser el marido de una mujer elegida por Zeus.
De aquella noche de amor nació el semidios Hércules.
A partir de allí, el termino anfitrión paso a tener el sentido de:
"Aquel que recibe en su casa".
Por lo tanto, Anfitrión es, más bien, sinónimo de....
CORNUDO TRANQUILO Y FELIZ !
POR LO TANTO:
CUÁNDO ALGUIEN DIGA QUE USTED ES UN BUEN ANFITRIÓN,
ESTÉ ATENTO!
Mientras Anfitrión estaba en la guerra de Tebas, Zeus tomo su forma para acostarse con Alcmenea, y Hermes tomo la forma de su esclavo para montar guardia en el portón.
Con el embarazo de Alcmena, un alboroto fue creado, porque evidentemente Anfitrión dudó de la fidelidad de su esposa.
Al final todo fue aclarado por Zeus y Anfitrión se puso contento por ser el marido de una mujer elegida por Zeus.
De aquella noche de amor nació el semidios Hércules.
A partir de allí, el termino anfitrión paso a tener el sentido de:
"Aquel que recibe en su casa".
Por lo tanto, Anfitrión es, más bien, sinónimo de....
CORNUDO TRANQUILO Y FELIZ !
POR LO TANTO:
CUÁNDO ALGUIEN DIGA QUE USTED ES UN BUEN ANFITRIÓN,
ESTÉ ATENTO!
6 de noviembre de 2009
6 de Noviembre.- Me encanta Dios
Me encanta Dios. Es un viejo magnifico que no se toma en serio. A él le gusta jugar y juega. Y a veces se le pasa la mano y nos rompe una pierna y nos aplasta definitivamente. Pero esto sucede porque es un poco cegatón y bastante torpe de las manos.
Nos ha enviado a algunos tipos excepcionales como Buda, o Cristo o Mahoma, o mi tía Chofi, para que nos digan que nos portemos bien. Pero eso a él no le preocupa mucho: nos conoce. Sabe que el pez grande se traga al chico, que la lagartija grande se traga a la pequeña, el hombre se traga al hombre. Y por eso inventó la muerte: para que la vida -no tú ni yo- la vida sea para siempre.
Ahora los científicos salen con su teoría del Bing Bang... Pero ¿qué importa si el universo se expande interminablemente o se contrae? Esto es asunto sólo para agencias de viajes.
A mi me encanta Dios. Ha puesto orden en las galaxias y distribuye bien el tránsito en el camino de las hormigas. Y es tan juguetón y travieso que el otro día descubrí que ha hecho -frente al ataque de los anbióticos- ¡bacterias mutantes!
Viejo sabio o niño explorador, cuando deja de jugar con sus soldaditos de plomo y de carne y hueso, hace campos de flores o pinta el cielo de manera increíble.
Mueve una mano y hace el mar, mueve otra y hace el bosque. Y cuando pasa por encima de nosotros, quedan las nubes, pedazos de su aliento.
Dicen que a veces se enfurece y hace terremotos, manda tormentas, caudales de fuego, vientos desatados, aguas alevosas, castigos y desastres. Pero esto es mentira.
Es la tierra que cambia -y se agita y crece- cuando Dios se aleja.
Dios siempre esta de buen humor. Por eso es el preferido de mis padres, el escogido de mis hijos, el más cercano de mis hermanos, la mujer más amada, el perrito y la pulga, la piedra más antigua, el pétalo más tierno, el aroma más dulce, la noche insondable, el borboteo de luz, el manantial que soy.
A mi me gusta, a mi me encanta Dios.
Que Dios bendiga a Dios.
Nos ha enviado a algunos tipos excepcionales como Buda, o Cristo o Mahoma, o mi tía Chofi, para que nos digan que nos portemos bien. Pero eso a él no le preocupa mucho: nos conoce. Sabe que el pez grande se traga al chico, que la lagartija grande se traga a la pequeña, el hombre se traga al hombre. Y por eso inventó la muerte: para que la vida -no tú ni yo- la vida sea para siempre.
Ahora los científicos salen con su teoría del Bing Bang... Pero ¿qué importa si el universo se expande interminablemente o se contrae? Esto es asunto sólo para agencias de viajes.
A mi me encanta Dios. Ha puesto orden en las galaxias y distribuye bien el tránsito en el camino de las hormigas. Y es tan juguetón y travieso que el otro día descubrí que ha hecho -frente al ataque de los anbióticos- ¡bacterias mutantes!
Viejo sabio o niño explorador, cuando deja de jugar con sus soldaditos de plomo y de carne y hueso, hace campos de flores o pinta el cielo de manera increíble.
Mueve una mano y hace el mar, mueve otra y hace el bosque. Y cuando pasa por encima de nosotros, quedan las nubes, pedazos de su aliento.
Dicen que a veces se enfurece y hace terremotos, manda tormentas, caudales de fuego, vientos desatados, aguas alevosas, castigos y desastres. Pero esto es mentira.
Es la tierra que cambia -y se agita y crece- cuando Dios se aleja.
Dios siempre esta de buen humor. Por eso es el preferido de mis padres, el escogido de mis hijos, el más cercano de mis hermanos, la mujer más amada, el perrito y la pulga, la piedra más antigua, el pétalo más tierno, el aroma más dulce, la noche insondable, el borboteo de luz, el manantial que soy.
A mi me gusta, a mi me encanta Dios.
Que Dios bendiga a Dios.
20 de noviembre de 2008
20 de Noviembre
El domingo lei un carton muy bueno del caricaturista Calderon, que se me habia olvidado, pero que el dia de hoy, al ver en el metro a varias regiomontanas llevando a sus pedacitos de sus vidas vestidas como adelitas parciales, y pense que nadie celebraba la Revolucion ya, y el mentado cartón decía
"Según Adolfo Lopez Mateos, la Revolución Mexicana era la revolucion perfecta por que
Al rico lo hizo pobre
Al pobre lo hizo pendejo
al pendejo lo hizo politico, y
Al politico lo hizo rico
Muy cierto...
Por eso: La revolución mexicana solo la celebran los políticos y los pendejos
valga la redundancia..."
jajaja me encanto!!
"Según Adolfo Lopez Mateos, la Revolución Mexicana era la revolucion perfecta por que
Al rico lo hizo pobre
Al pobre lo hizo pendejo
al pendejo lo hizo politico, y
Al politico lo hizo rico
Muy cierto...
Por eso: La revolución mexicana solo la celebran los políticos y los pendejos
valga la redundancia..."
jajaja me encanto!!
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