Tu feisbuc es un museo, en él se expone tu cara, tu cuerpo, tus ojos, tus muslos y tu cabello. Son retazos de la tentación, que miran al espectador de forma coqueta, furiosa y tierna. Tus fotos, como si fueran rodeadas por un cordón de terciopelo y enmarcadas en silencio, exhiben una anatomía fresca y atractiva: unos ojos de ese color café que Goya no puede mezclar antes de enloquecer dado a que el “sueño de la razón produce monstruos”; las delicadas y portentosamente claras uñas que se arrebatan el lugar en el centro de la obra, de colores diversos y rangos caóticos; una silueta increíblemente delgada que de alguna forma satisface los cánones de la pintura actual, adornada por la brillantez del arete en el ombligo; las sombras de los ojos tan oscuras y siniestras como los cuadros dolorosos de Beksinski; el horripilante piercing nasal que parece un escupitajo de Kippenberger...¿una declaración de adiós para el trato serio o subterfugio de rebelión a la vista de todos?
Camino por los pasillos de tu museo donde la exposición de la obra, trata, en su totalidad de la belleza, pero de esa belleza que carcome, llena de esa ingravidez típica de los cuerpos firmes, pieles perfectas, pezones rosados y vaginas perfumadas. Pop art oculto. Altanería que pretende poner impuestos a los deseos.
Tu feisbuc es como un museo, donde la distancia es recordada a cada instante, donde hacen recordar al espectador que es solo un espectador; la pantalla es el listón del terciopelo, el click separador es el detenimiento entre obra y obra. Además está lo peor: los museos siempre son públicos y siempre hay comentarios en tus narices que te estorban tu interpretación…
Los cuadros son caros y cuestan desvelos. Por eso miro la etiqueta de precio: comprar uno sería endeudarse durante la mayor parte de la vida y, aunque uno no se encuentra en el nicho superior de la pirámide del proceso de producción capitalista, vale la pena intentarlo. Toda la colección entera si se puede, aunque me la tenga que llevar amontonada en el carro.
Uno se atribula ante la imposibilidad de ver esa obra mas de cerca, ver su creación, la poesía en movimientos de los trazos, pero eso no es lo que importa: de todas formas cuento con una colección privada de obras que amenizan mis pupilas en tiempos aciagos y duros, como son todos los tiempos que vive el ser humano…
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